Dentro de la riqueza de carismas que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia, la Fraternidad Mariana de la Reconciliación cuenta con una espiritualidad y estilo propios: la espiritualidad sodálite. Confirmada por el Papa Juan Pablo II como un camino válido hacia la santidad, con espíritu de humildad buscamos servir y amar intensamente a la Iglesia.

Una de las características más importantes de nuestra espiritualidad es la vivencia de un intenso y profundo amor filial a Santa María. Buscamos vivir la espiritualidad de María, repitiendo ese Hágase para ser fieles a lo que Dios nos pida en todas las circunstancias concretas de nuestra vida. Y como sus hijas, queremos cooperar con Ella en su misión de llevar a todos sus hijos al encuentro con el Señor Jesús.


Concientes del mundo en que vivimos, sellado por la realidad de ruptura presente en la vida de los seres humanos y de la cultura, asumimos como una prioridad en nuestras vidas, el compromiso de vivir y anunciar la Reconciliación que nos trae el Señor Jesús. Reconciliación que buscamos vivir en sus cuatro dimensiones: con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la creación.

En nuestra espiritualidad es central el misterio de la Trinidad, pues hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y estamos llamados a participar de la comunión divina de amor. Las fraternas encontramos en la vida comunitaria un espacio para vivir ese amor y para irradiarlo a las demás personas. Es así que en la vida comunitaria buscamos vivir ese amor y poder reflejarlo a las demás personas.